domingo, 26 de mayo de 2013

Amor en Pañales


Todo comenzó hace 17 años, el día que entré al kínder. La mayoría de los niños y niñas que serían mis compañeros lloraban desconsoladamente, pensando que sus madres los abandonarían.

Apenas tenía 2 años cumplidos. Para mí el kínder era sólo un lugar de juegos, donde hacía muchas cosas divertidas como correr, dibujar, jugar en los columpios, saltar y muchas otras cosas.

Todos los días me llevaba al kínder mi tía Enedina, ya que mis padres trabajaban desde muy temprano.

No tenía idea que en el jardín de infantes conocería a mi mejor amigo Luis Eduardo, que hasta la fecha somos compañeros en la misma universidad.

Pasaban las semanas. Cada día me gustaba más estar en el kínder, aunque hubiera maestras que no me tenían mucha paciencia y me regañaban de vez en cuando.

A esa edad creía que no me importaba nada, sólo jugar. Pero estaba totalmente equivocado. Me di cuenta el día que me sentí raro al ver a una niña llamada Sharon. No sabía por qué me sentía tan extraño, ya que nunca me había sentido así por ver a una niña.

Hablarle a Sharon no era una opción para mí, pues desde niño siempre fui penoso, sin mencionar que a esa edad los niños sólo quieren estar con niños y las niñas con niñas.

Aún recuerdo cuando de niños mis amigos y yo decíamos: “Que asco nos dan las niñas, no hay que juntarnos con ellas”; que equivocados estábamos.

Seguían pasando los días y yo estaba seguro de que aquello que sentía cada vez que la miraba no era normal.

Un día llegue tarde al kínder. Mi asiento ya estaba ocupado así que me senté en el único lugar disponible. Los nervios y la pena me invadieron cuando me di cuenta de que la niña que estaba sentada junto a mí era Sharon. Aquel día no pude ni siquiera hablarle. No sabía por qué me había puesto nervioso. Aún no entendía lo que era que a un hombre le gustara una mujer.

Pasó el primer año de kínder, el segundo, el tercero  y nunca me atreví a entablar una conversación con ella.

De pequeño no supe porque aquella niña me hacía sentir cosas tan extrañas dentro de mí. Ahora comprendo que estuve enamorado de ella desde el primer día que la vi.