Era junio de
2012 y yo tenía 18 años. Había terminado el bachillerato y comenzaban las
vacaciones de verano. Tenía mucho tiempo libre, así que casi todos los días me
veía con mi mejor amigo, Luis Eduardo.
En ese mismo mes
se estrenaría la película de Resident
Evil Afterlife. Luis y yo decidimos ir al estreno. Fuimos al Cinépolis de
Plaza Lindavista a comprar los boletos. Teníamos planeado entrar a la función
de las 2 de la tarde. Cuando llegamos ya había comenzado, así que compramos los
boletos para la única función disponible, la de las 8 de la noche, ya que se
habían agotado las entradas de los demás horarios.
Fuimos a comer algo
mientras hacíamos tiempo para que comenzara
la película. Compramos comida china en uno de los locales de comida
rápida de la plaza. Estábamos comiendo cuando de pronto llegaron dos mujeres
muy guapas a sentarse a la mesa que estaba junto a la nuestra. Una de las
mujeres se notaba mayor que la otra.
Terminamos de
comer, pero nos quedamos más tiempo de sobremesa para platicar. Después de
todo, tiempo era lo que nos sobraba. De
vez en cuando cruzaba miradas con una de las chicas de la otra mesa.
Mi amigo y yo
nos aburrimos de estar sentados, así que decidimos ir a dar una vuelta por la
plaza. Antes de irnos giré la cabeza hacia la mesa donde estaban las chavas
para verlas por última vez. Después de caminar por un buen rato por toda la
plaza Luis y yo decidimos volver a la zona de comida rápida, ya que de esa
manera cortaríamos un poco el camino para llegar más rápido al cine. Al llegar noté que aún seguían ahí las dos chavas que
habíamos visto anteriormente. Cuando pasamos, una de ellas alzó la mano para
hacerme señas de que me acercara. Lo pensé por un momento, ya que no estaba
seguro de que se dirigiera a mí. Nos
acercamos mi amigo y yo. Ella, la mayor de las dos, comenzó a hacerme la plática. Al escuchar su
voz intuí que era extranjera, caribeña, para ser exacto, porque hablaba muy fuerte, pero principalmente por su
acento. Luego me dijo que venía de Cuba.
Ella fue muy
directa conmigo. Me dijo que estaba muy guapo y me preguntó si tenía novia.
Me dio un poco de nervios y le dije que no. Después yo le pregunté su edad, me dijo que tenía 27 años. Me sorprendí aún más. Creo que notó mi cara de
asombro, así que me preguntó mi edad. Le dije que tenía 18 años. Ella hizo una
cara de felicidad y gritó: “¡Perfecto! ¡Ya eres legal!”. Luego me pidió el
número de mi celular y mi Facebook. Seguimos platicando por un buen rato de
muchas cosas. Después me dijo que ya se tenían que ir ella y su amiga, así que
se acercó a mí, me robó un beso, me sonrió y se fue rápidamente. Me quedé confundido por un momento, ya que aún no
lograba asimilar lo que había ocurrido.
Se acercaba la
hora de la película, así que fuimos a comprar unos dulces...