domingo, 2 de junio de 2013

Día Uno


El día que vi los resultados del examen de admisión de la UAM, me llené de alegría al darme cuenta que había conseguido un lugar en esa escuela.

Preparé todos los documentos que solicitaban para inscribirse en la UAM (CURP, acta de nacimiento, certificado de la prepa, etcétera). Para terminar, consulté los días que me debía presentar a la escuela, para actividades previas a la inscripción.

No podía contener mi emoción por el hecho de saber que pronto entraría a la universidad.

Llegó el día de la primera actividad previa a la inscripción, el PIVU (Programa de Integración a la Vida Universitaria). Llegué desde muy temprano a presentarme al sitio correspondiente, a formarme en la fila de la carrera de administración.

Estaba un poco nervioso y algo serio. De pronto llegó un chavo muy despreocupado, llamado Saúl a formarse detrás de mí. Jamás pensé que él se convertiría en mi amigo, ya que somos muy diferentes; yo muy serio y él muy sociable.

Nos dieron una plática, un tanto aburrida en el auditorio de la escuela. Después de eso nos llevaron a un edificio de computación a llenar un cuestionario en computadora.

Todos tomamos asiento. De pronto una hermosa chica con la piel blanca, cabello castaño y ojos color miel, se sentó enfrente de mí. Me quedé totalmente embobado, no podía dejar de verla. En ese momento volví a sentir esa extraña sensación por dentro, esa sensación que da cuando se ve a una mujer especial.

Tenía tantas ganas de preguntarle su nombre en ese momento, pero el simple hecho de pensar en hablarle me ponía muy nervioso. Sería hasta después que sabría cómo se llama, que tenemos demasiadas cosas en común y que desgraciadamente esa chica no es para mí.

El día del PIVU continuaba. Nos dieron un recorrido por toda la escuela, explicándonos cómo era el ambiente universitario. También nos dieron un espectáculo de música folclórica chilena y un ligero desayuno. A pesar de todo lo que ya había pasado, no podía sacarme de la mente a esa chica.

Después de un rato Saúl y yo nos miramos con aburrimiento, ya que el PIVU se había vuelto algo aburrido. Nos pusimos de pie y discretamente nos apartamos del grupo. Conversamos un rato sobre qué pensábamos de la escuela y otras cosas. Finalmente decidimos irnos de la universidad.

En el camino de regreso a mi casa no podía dejar de pensar en la chica que vi ese día.

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