Todo comenzó hace 17
años, el día que entré al kínder. La mayoría de los niños y niñas que serían
mis compañeros lloraban desconsoladamente, pensando que sus madres los
abandonarían.
Apenas tenía 2 años
cumplidos. Para mí el kínder era sólo un lugar de juegos, donde hacía muchas
cosas divertidas como correr, dibujar, jugar en los columpios, saltar y muchas
otras cosas.
Todos los días me llevaba al
kínder mi tía Enedina, ya que mis padres trabajaban desde muy temprano.
No tenía idea que en el jardín
de infantes conocería a mi mejor amigo Luis Eduardo, que hasta la fecha somos
compañeros en la misma universidad.
Pasaban las semanas. Cada día
me gustaba más estar en el kínder, aunque hubiera maestras que no me tenían
mucha paciencia y me regañaban de vez en cuando.
A esa edad creía que no me
importaba nada, sólo jugar. Pero estaba totalmente equivocado. Me di cuenta el
día que me sentí raro al ver a una niña llamada Sharon. No sabía por qué me
sentía tan extraño, ya que nunca me había sentido así por ver a una niña.
Hablarle a Sharon no era una
opción para mí, pues desde niño siempre fui penoso, sin mencionar que a esa
edad los niños sólo quieren estar con niños y las niñas con niñas.
Aún recuerdo cuando de niños
mis amigos y yo decíamos: “Que asco nos dan las niñas, no hay que juntarnos con
ellas”; que equivocados estábamos.
Seguían pasando los días y yo
estaba seguro de que aquello que sentía cada vez que la miraba no era normal.
Un día llegue tarde al kínder.
Mi asiento ya estaba ocupado así que me senté en el único lugar disponible. Los
nervios y la pena me invadieron cuando me di cuenta de que la niña que estaba
sentada junto a mí era Sharon. Aquel día no pude ni siquiera hablarle. No sabía
por qué me había puesto nervioso. Aún no entendía lo que era que a un hombre le
gustara una mujer.
Pasó el primer año de kínder,
el segundo, el tercero y nunca me atreví
a entablar una conversación con ella.
De pequeño no supe porque
aquella niña me hacía sentir cosas tan extrañas dentro de mí. Ahora comprendo
que estuve enamorado de ella desde el primer día que la vi.
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